PRISM: El gran hermano que nos vigila en Internet

Era un secreto a voces que muchos usuarios aún se negaban a aceptar pero, no por ello, la confirmación está semana de la existencia de un programa de espionaje gubernamental (gracias a un documento al que tuvieron acceso dos importantes periódicos) ha causado menos revuelo. Este programa,  conocido como PRISM, es el utilizado por las agencias estadounidenses NSA y FBI para espiar comunicaciones de los usuarios de Internet de todo el mundo y complementa al espionaje telefónico que también se está realizando con la colaboración de algunas operadoras.

Todas estas labores de “vigilancia” se vienen realizando por lo menos desde 2007 y cuentan con la colaboración de las grandes empresas de Internet entre las que encontramos a Google, Microsoft, Yahoo,  Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube o Apple, entre otras. Estas empresas se han defendido alegando que solo entregan aquella información que les es solicitada siguiendo los procedimientos que establece la ley y que no dan acceso libre a sus servidores a estas agencias gubernamentales.

prism

Obviamente, las agencias implicadas no han tardado en declarar que estas actividades se realizan para mejorar la seguridad y evitar ataques terroristas u otro tipo de crímenes. Además, según una aclaración realizada tras publicarse esta noticia, este programa solo se aplica a aquellos usuarios que no sean ciudadanos Estadounidenses y que residan fuera de este país, algo que, como bien apunta Chema Alonso en su blog, no es que sea especialmente tranquilizador para el resto de usuarios.

Está claro que, igual que sucede con el troyano policial que se pretende incluir como herramienta para investigar delitos graves, según aparece en el borrador del anteproyecto del Código Penal del Ministerio de Justicia de España, estas medidas tan solo pueden aplicarse con la aprobación de un juez y para perseguir criminales. No obstante, ¿conocen los jueces americanos y españoles el alcance de esta medida?.

No dudamos que los compañeros de las fuerzas de seguridad del estado como nuestro querido Angelucho apreciarán contar con este tipo de herramientas para conseguir detener a terroristas y pedófilos (por poner solo dos ejemplos), y eso es algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo. No obstante, el problema está más arriba, en quien da la autorización de utilizar estas herramientas, puesto que muchas veces (demasiadas) no tienen el conocimiento necesario para comprender el alcance de este tipo de acciones.

Porque, si bien aquellos que se encargan de legislar se han de adaptar a los nuevos tiempos, esta legislación se ha de hacer respetando derechos fundamentales de los ciudadanos. No es de recibo que nuestras comunicaciones se intervengan sin más, aun sin haber indicio alguno de delito o que se pueda instalar un software malicioso en nuestro sistema solamente para comprobar si estamos descargando material con derechos de autor, pudiendo incluso llegarse a modificar pruebas que nos incriminen.

Por eso, aunque ahora se afirme que este tipo de medidas solo se aplican en casos excepcionales como los de terrorismo, pedofilia o crimen organizado, nos inquieta pensar lo que sucederá cuando ya se tenga aceptado este tipo de vigilancia como algo normal y se aplique a cualquier indicio de delito, por leve que sea. Es entonces cuando miraremos hacia atrás y nos preguntaremos cuando empezó todo a torcerse.

Josep Albors

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