Viviendo al límite

Le he dado a mi compañero Josep Albors un motivo (más) para reírse de mí… Y todo por mi obsesión por la seguridad. Resulta que hago copias de seguridad de mi ordenador (¿alguien no lo hace?) y esa copia de seguridad la replico en otro sistema, con lo que siempre tengo dos versiones iguales de mis datos. Muy mal tiene que darse para que pudiera perderlos, y más haciendo la copia de seguridad una vez cada hora.

copia

Por temas técnicos, llevo unos días en los que no puedo replicar la copia en el otro sistema, y ahí la risa de Josep, que me acusa de vivir al límite en temas de seguridad. No sé si me está tomando el pelo (me temo que sí), pero no me encuentro seguro.

No será la primera vez que he tenido que recuperar por completo el ordenador, y aunque no he llegado a necesitar la “recopia” de seguridad, todo puede pasar. Y si me falla todo, el problema puede ser importante.

No todo el mundo tiene una infraestructura así, lo reconozco, ni mi obsesión. De entrada, no es barato ni todas las familias aceptan tener un sitio en la casa en el que haya tantas luces parpadeando todo el día, y de vez en cuando sonando. Lo de las luces lo apañé con un rack y una puerta opaca, y lo del sonido…. Bueno, un disco duro siempre suena un poco, más aún si lleva ventilación. Se soporta.

Pero mi obsesión proviene de la famosa frase sobre la pérdida de datos: “Solo hay dos tipos de personas: los que han perdido alguna vez todos sus datos y los que están a punto de perderlos”. Ahora de vacaciones tanta gente, ¿qué pasaría si de repente perdemos todas las fotos que hemos hecho? ¿Y si se volatilizan nuestros vídeos HD o 4x?

La copia de seguridad debe hacerse frecuentemente. ¿Cada cuánto? Insisto, yo no soy buen ejemplo, una vez cada hora puede ser mucho, pero ¿qué tal una vez a la semana? Bueno, venga, ¿una vez al mes?

Podríamos instaurar un día al mes para preocuparnos de la seguridad de nuestra información. Mientras volcamos nuestros datos a un disco externo o grabamos la información en CD o DVD, aprovechemos para ir cambiando las contraseñas de todos los servicios a los que entremos por Internet. Correo, Facebook, Twitter, Tuenti, Fickr, Instagram, Amazon, el banco… y por supuesto, sin repetir la contraseña ni poniendo una fácil.

Si hacemos esto, podremos vivir con un poquito más de tranquilidad, y sea cual sea el grupo de gente en que estemos, habrá una solución. Porque a nadie le gusta vivir al límite… ¿o no?

Fernando de la Cuadra

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