Consejos para padres sobre juguetes, tecnología y ciberseguridad

Si echamos un vistazo a lo más pedido a los Reyes Magos y Papá Noel estas Navidades, veremos como la tecnología tiene un protagonismo muy importante. Ya no es solo que estas listas de regalos estén repletos de smartphones, tabletas y videoconsolas, sino que los juguetes tradicionales hace tiempo que empezaron a adaptarse para resultar más atractivos a los más pequeños, quienes actualmente disponen de un amplio abanico de posibilidades para entretenerse.

Juguete tradicional vs tecnológico

En los últimos años algunos quieren ver un enfrentamiento donde no lo hay, e incluso hay quien asegura que los juguetes tecnológicos son un peligro para los niños. La realidad, no obstante, es que conforme ha ido avanzando la tecnología, también han ido cambiando los gustos de los más pequeños (y no tan pequeños) de la casa.

Ahora mismo, juguetes clásicos como las muñecas, los coches a escala, las construcciones o una simple pelota siguen estando muy presentes en las solicitudes de los niños en estas fechas, y puedo dar fe, ya que mis sobrinos me los siguen pidiendo un año tras otro. Sin embargo, el tiempo de ocio ahora también se reparte con otros juguetes que integran algún componente más avanzado, o que directamente son dispositivos multifunción que pueden ser usados tanto por niños como por adultos.

Por un lado tenemos aquellos juguetes clásicos que se han ido adaptando con el tiempo con mayor o menor acierto. A muchos nos preocupó la aparición de la Hello Barbie hace ya casi cuatro años, pero la verdad es que eso no ha hecho que los fabricantes de muñecas y muñecos hayan dejado de incorporar nuevas funcionalidades, algunas especialmente preocupantes y no precisamente teniendo en mente a los más pequeños de la casa.

Interior de la muñeca Hello Barbie

Luego tenemos los dispositivos puramente tecnológicos como las videoconsolas, tabletas o smartphones. Las primeras han sido diseñadas para jugar aunque en los últimos años hayan añadido nuevas funcionalidades. Desde los primeros modelos de hace casi 50 años han permitido pasar una ingente cantidad de horas divirtiéndonos con innumerables videojuegos de todos los géneros que ya forman parte de la cultura popular.

Ese característica lúdica fue después trasladada a tabletas y smartphones, lo que, unido al boom de las redes sociales y la visualización casi instantánea de contenido que ofrecen diferentes plataformas, hace que estos dispositivos se encuentren entre los favoritos de la mayoría de menores (y adultos).

El uso responsable tanto de juguetes tecnológicos con conectividad como de otros dispositivos no debería presentar mayores problemas. Sin embargo, hay que tener en cuenta varios puntos para evitar que un uso inadecuado o un mal diseño termine causando algún problema.

Riesgos y privacidad

Cuando regalamos o regalan a nuestros hijos un juguete tecnológico (que muchas veces dispone de una conexión a Internet) debemos tener en cuenta una serie de aspectos importantes. Lo primero es revisar cómo viene configurado por defecto, si incorpora alguna contraseña que sea fácil de adivinar, si permite cambiar esta contraseña, qué tipo de información recopila del usuario, si esta información está debidamente almacenada de forma segura o si se puede acceder de forma remota al juguete o dispositivo.

Los dispositivos de Vtech han sufrido de importantes problemas de seguridad en los últimos años

Esto puede parecer un trabajo tedioso, puesto que muy probablemente queramos poner el juguete o dispositivo en marcha lo antes posible para que el menor empiece a disfrutar de él. No obstante, con solo buscar un poco en Internet podremos ver si el juguete o incluso el fabricante ha tenido problemas de seguridad. Esta revisión es importante hacerla a la hora de plantearse la compra, para así no arrepentirse después de las posibles consecuencias negativas.

Si conseguimos dar con un dispositivo que no tenga ningún problema de seguridad conocido, el segundo paso es activar o desactivar aquellas funciones que deseamos que nuestro hijo utilice (o no). Es posible que nos interese que el juguete permita interactuar en cierta medida con el menor pero no queramos que tome imágenes o grabe conversaciones que luego serán almacenadas en los servidores de la empresa que lo ha desarrollado.

Para eso podemos revisar si el juguete dispone de alguna aplicación móvil que pueda ser utilizada por los padres para revisar esta configuración y monitorizar que se hace un uso correcto del mismo.

En el caso de dispositivos como videoconsolas, smartphones, tabletas e incluso ordenadores, se puede configurar en mayor o menor medida sistemas de control parental. De nuevo estamos ante una funcionalidad que ha de realizarse de forma activa por los tutores del menor que recibe ese regalo, siempre partiendo de la base de que se hace para evitar que nada malo le suceda y no para controlar todo lo que hace. Así es como se lo debemos explicar para evitar que pierda la confianza en sus tutores.

Este control parental debe servirnos como excusa para conversar con nuestros hijos y averiguar si han tenido alguna clase de problema, bien porque no terminan de utilizar correctamente alguna de las funcionalidades incorporadas en el dispositivo o porque algún usuario los está molestando.

Existen multitud de guías hablando al respecto de este tema, entre las que destacamos la elaborada por el Instituto Nacional de Ciberseguridad acerca de los juguetes conectados. Un buen punto de partida para disfrutar de los juguetes (y lo que no lo son pero que muchas veces se usan como tal) de forma segura.

Conclusión

Como acabamos de ver, la compra de regalos tecnológicos (ya sean juguetes o dispositivos) requiere un mayor esfuerzo por parte de los tutores, ya que no se trata solamente de entregarlos al menor y olvidarse. Conviene tener en cuenta los puntos comentados si queremos asegurarnos de que se hace un uso responsable  y que no se pone en peligro la privacidad del menor. Además, de paso aprenderemos a gestionar nuestra propia privacidad en dispositivos de uso cotidiano, algo que nunca está de más.

Josep Albors

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