Los Angry Birds luchan contra cerdos, ¿o son también espías?

No salimos de una y nos metemos en otra, sobre todo en lo que respecta al espionaje informático. Quiero dejar claro que no debería pillarnos por sorpresa, ya que Internet, tal y como lo conocemos hoy en día, ha sido un logro de los militares y las empresas comerciales, y a ambos sectores les interesa mucho (demasiado quizá) cómo nos comportamos en la red y nuestros datos.

Esta semana es Angry Birds. Ese juego que causó furor y fue el favorito de los usuarios de móviles y tabletas hasta que Candy Crush le arrebató la primera posición de los jugones portátiles. Resulta que alguien ha dicho que el programa proporcionaba a la NSA (National Security Agency, Agencia de Seguridad Nacional –Estadounidense, por supuesto-) y al GCHQ (Government Communications Headquarters, Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno  -Estadounidense, por supuesto-) un montón de datos de los teléfonos en los que se ejecutaba Angry Birds. Datos como la ubicación del usuario, listas de contactos, registros de conversaciones, etc. Algunos han llegado a afirmar que también transmitían información sobre las ideologías políticas e incluso su orientación sexual.

Pero bueno, se pueden decir tantas cosas… Lo mejor es acudir a las fuentes de este tema (están aquí y aquí) y descubriremos que ¡no se habla de Angry Birds! ¿Entonces? ¿De dónde ha salido la información? Bueno, eso es otro tema que quizá los sociólogos puedan aclararnos. Lo nuestro es la seguridad informática.

Todo es posible, y mucho más en el mundo de la informática y el espionaje. Bueno, todo no, no sé cómo van a ver mi ideología política a no ser que tenga conversaciones con el secretario general de un partido político y nos dediquemos a mandarnos SMS comprometedores… Bueno, me callo, que luego todo se sabe. Lo de la orientación sexual es más fácil, viendo un registro de las páginas porno a las que me conecto… Bueno, me vuelvo a callar por si acaso. Vaya día que llevo.

No quiero entrar en si una aplicación envía datos a una agencia estadounidense o no. Eso ya depende de la honradez de cada desarrollador, aunque en este caso Rovio, los desarrolladores de Angry Birds, han negado ninguna relación con el caso, lógicamente. Pero ha pagado el pato: ayer sufrieron un “defacement” de su página web.

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Mucha de la culpa del espionaje y de la seguridad de nuestros dispositivos depende de nosotros. Sí, somos nosotros los que descargamos aplicaciones a nuestros maravillosos smartphones y les concedemos una ingente cantidad de permisos que ni nos preocupamos de para qué se necesitan. Hace poco, quise instalar una aplicación que siguiera las estadísticas de partidos de baloncesto, y uno de los permisos que me pedía era acceder a mis contactos y mandar SMS. ¿Para qué? Una posible función de ese programa podría ser la de informar de los resultados de los partidos a mis amigos, pero no aparecía reflejada por ningún lado. Mucho me temí que ese programa iba a utilizar mi smartphone para mandar SMS publicitarios a mi agenda de contactos. Evidentemente, busqué otro programa (hay muchos) y tan contento.

¿Cuántos tenemos un programa que hace más de lo que esperamos? Debemos revisar todas y cada una de las aplicaciones que tenemos instaladas, mirar qué permisos tienen y ser un poquito consecuentes. Por ejemplo, en mi móvil tengo una aplicación para llevar a cabo gestiones con mi banco. Y esa aplicación quiere tener acceso a mis datos de ubicación. Tal y como estamos hoy en día de enfadados con los bancos podría parecer una grave intromisión de la intimidad, hasta que necesitemos buscar el cajero automático más cercano. Ahí sí que no nos importa que el banco sepa dónde estamos, ¿verdad?

Pero hay otras aplicaciones que son sospechosas. No entiendo por qué quiere una aplicación de estadísticas de baloncesto mandar SMS (si al menos dijeran para qué, vale), o un afinador de guitarras necesita saber dónde estoy, ambos son casos verídicos de los que doy fe.

Si queremos un buen control de los permisos que le damos a las aplicaciones, lo mejor es poder llevar a cabo una auditoría de seguridad. ESET NOD32 Mobile Security lo hace, y lo recomiendo por su sencillez. De un vistazo podremos saber qué permisos de más estamos dando a aplicaciones “extrañas”, que por muy útiles que nos parezcan no tienen por qué saber determinadas cosas.

Fernando de la Cuadra

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