Cuento de Navidad (El pasado)

Qué bonita es la Navidad, sí. Cuánta gente aprovecha su paga extra para comprar ese maravilloso ordenador que ha visto en el escaparate y que por fin van a poder emplear con una flamante ADSL instalada en casa. Una buena oferta de un proveedor de ADSL, una buena oferta de un portátil… y ya estamos.

—Ah, qué gozada de portátil nuevo me he comprado —dijo el feliz usuario—. ¡Y por menos de trescientos euros! Esto está muy bien, ya lo tengo en marcha. Y no creáis que yo voy a ser uno de esos pringados que acaban llenos de virus y demás basura… A mí no me pillan, menudo soy yo. No pienso entrar en ninguna página web porno, ni de esas de hackers, que luego al final te acaban metiendo toda la basura del mundo. No, yo no soy de esos. Yo, para trabajar y, de vez en cuando, ver alguna película que me descargue, como Dios manda, que luego andan diciendo que si eres un descuidado. No, yo no pienso infectarme NI DE COÑA.

Este amigo, tan contento con su nuevo ordenador, cree que va a estar seguro. A él no le gusta meterse en páginas… digamos “extrañas”, ni piensa hacer “cosas raras” con el ordenador. Le basta para un par de cositas con él, como mandar sus correos electrónicos, entrar de vez en cuando en Facebook, manejar el banco desde casa… Bueno, no se diferencia mucho de lo que hacen los demás. Pero ¿está seguro? ¿Sabemos cuántas amenazas se ciernen sobre nosotros? Con su maravilloso portátil en la mesa, decidió echarse a dormir, pero un misterioso sueño, o una aparición, le despertó con un sobresalto.

—Hola, usuario —saludó el fantasma del pasado.

—¿Eh? ¿Quién eres? —preguntó el usuario sobresaltado—. ¿De dónde has salido?

—Soy el fantasma del malware del pasado. Tú, que crees muy seguro tu ordenador, quiero que sepas cómo era antes el malware.

—¿Antes? Pues igual que ahora, hombre, muy sencillo de controlar —contestó el incauto usuario—. Que yo ya me infecté una vez ¡y no me vuelve a pasar!

—No, usuario, no —reprendió en un tono alto el fantasma—. Antes, los creadores de malware buscaban la diversión. Los ordenadores de los usuarios como tú no eran más que un juguete en el que introducir un virus, simplemente para divertirse. O intentaban (y a veces conseguían) introducirse en ordenadores muy importantes, como los de la NASA, la CIA… La seguridad informática no era más que una diversión.

—¿Diversión? Venga ya… Eso era peligroso. Me acuerdo yo cuando se anunciaban virus como el Viernes 13, o el I Love You… Eso sí que era peligro, no una diversión.

—Pobre incauto… —contestó el fantasma en tono jocoso—. Estás hablando de mi época, del pasado. Esos virus no eran más que pequeños juguetes, simples pruebas para lo que vendría después. Los creadores de malware estaban simplemente probando cosas como la ingeniería social.

—¿El qué?

—La ingeniería social, las técnicas que se utilizan para engañar a la gente e infectar los ordenadores. ¿De verdad creías que tu jefe te iba a enviar una carta de amor? Pues eso hacía I Love You, engañarte y hacerte picar para que todo resultara según los planes del autor —explicó tranquilamente el fantasma al usuario.

—Bueno, pero hoy en día yo no me fío de eso. Nadie intentaría infectarme con un mensaje así, y yo no lo abriría. No soy tonto, ¡a mí no me pillan!

—Efectivamente, no te van a pillar. Esa época pasó hace mucho, mucho tiempo… y tu confianza no te va a servir de nada. Dentro de poco te hará una visita un amigo mío y te contará muchas más cosas —avisó el fantasma mientras se iba desvaneciendo.

Nuestro amigo el usuario quedó perplejo. Él sabía que estaba seguro. No le iban a engañar, no se iba a infectar… Así que volvió a dormir con toda tranquilidad. No obstante, su sueño se volvería a interrumpir antes de lo que se imaginaba.

Continuará…

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